«Ser feliz es no preocuparse por serlo»
Al finalizar Happiness se encuentran dos tipos de personas: quienes les parece una «genialidad», y quienes les parece una «desproporción». No saber si reir con ganas, sonreir a duras penas, poner mueca pudorosa, sonrojarse y no manifestarse por lo que piensen los demás, o avergonzarse ante lo que aparece en pantalla. Éste es el reto que propone Todd Solondz en ‘Happiness’: desprendernos de nuestro concepto de dignidad durante 134 minutos. Reto que en el año 1998 se ganó [con todo merecimiento] los calificativos de “provocativa”, “incómoda”, “controvertida”, y otros bastante menos amables. El modo en que Solondz trata temas tan peliagudos como la pederastia, la masturbación adolescente, las llamadas telefónicas sexuales, el acoso, la violación, el asesinato o el desamor, envuelto todo ello en una aparente felicidad, es demoledor, inquietante y transgresor.
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