“NETWORK” – Sidney Lumet

“Network”, dirigida por Sidney Lumet en 1976, nos sorprende por su actualidad a pesar de haber cumplido ya los cuarenta años y nos engancha a través de un magnífico guion (Paddy Chayefsky) y unos excepcionales actores (Peter Finch, Willian Holden y una bellísima, seductora e inquietante Faye Dunaway).

Una obra coral centrada en el poderío de la televisión, que plasma un mundo corrosivo, esclavo de las audiencias y de los petrodólares. Los medios tratan de modelar a la audiencia, pero a su vez son modelados por ella. Lumet en su libro “Así se hacen las películas” afirma que el tema principal de “Network” es “las máquinas nos están ganando” o bien que “la televisión no corrompe a la gente, sino que la gente corrompe a la televisión”. De eso trata la película.

El film recoge un fenómeno que no ha tenido freno hasta nuestros días: la evolución del periodismo al negocio de la información que cristalizó en la industria de los medios y más tarde pasó a formar parte de grandes multinacionales o corporaciones inexorablemente dirigidas por los estatutos inmutables de los negocios. La escena en la que el protagonista recibe, como Moisés en el Sinaí, la buena nueva que ha de propagar es antológica en este sentido: “No existen las naciones. No existen los pueblos… Sólo existe un sistema holístico de sistemas. No existe Estados Unidos, no existe la democracia… Sólo existe IBM, ITT, AT&T y Exxon. Esas son las naciones del mundo” y finaliza: “El mundo es una asociación de corporaciones. El mundo es un negocio”.

Es posible que la televisión haya perdido presencia con la irrupción y consolidación de Internet pero las preguntas acerca de la veracidad de la información y de la independencia de los medios siguen vigentes.

Paco Cifuentes

Patrono de la Fundación Cultural de Cercedilla

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“HAPPINESS” – Todd Solondz

“Ser feliz es no preocuparse por serlo”

Al finalizar Happiness se encuentran dos tipos de personas: quienes les parece una “genialidad”, y quienes les parece una “desproporción”. No saber si reir con ganas, sonreir a duras penas, poner mueca pudorosa, sonrojarse y no manifestarse por lo que piensen los demás, o avergonzarse ante lo que aparece en pantalla. Éste es el reto que propone Todd Solondz en ‘Happiness’: desprendernos de nuestro concepto de dignidad durante 134 minutos. Reto que en el año 1998 se ganó [con todo merecimiento] los calificativos de “provocativa”, “incómoda”, “controvertida”, y otros bastante menos amables. El modo en que Solondz trata temas tan peliagudos como la pederastia, la masturbación adolescente, las llamadas telefónicas sexuales, el acoso, la violación, el asesinato o el desamor, envuelto todo ello en una aparente felicidad, es demoledor, inquietante y transgresor.

Extrapolando el fondo de las relaciones personales, Todd Solondz presenta esta sórdida comedia negra torpedeando la línea de flotación de las convenciones morales y formales. Solondz ironiza sin tapujos sobre el concepto de felicidad, “qué es perseguir la felicidad”, donde nadie está contento con lo que tiene, ofreciendo una disección de la soledad, un retrato afilado de las frustraciones, desilusiones, complejos, traumas y aberraciones que se ocultan en el interior de las personas. Una cuchillada agria y mordaz a las apariencias, a la imagen de felicidad, a la felicidad sobreactuada, a la hipocresía formal, y finalmente a la imagen que cada persona busca transmitir al resto.

La revista de cine ‘Premiere’ incluyó Happiness en su lista de las 25 películas más peligrosas de todos los tiempos. Y todavía hoy se pueden leer en algunos foros de cine los comentarios de muchos espectadores que ponen el grito en el cielo tras pasar por la chocante experiencia de ver esta película. Quizá porque en mayor o menor medida (y salvando las distancias con los ejemplos que nos propone Solondz, o no), todo el mundo, en su forma y entorno, es (más o menos)… Happiness.

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Sergio M.

Patrono de la Fundación Cultural de Cercedilla

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