Crónica de El Bosque de los libros 2018

El Bosque de los Libros 2018 ya fue. Como siempre, breve pero intenso. Durante los días 21 y 22 de abril la gente de Cercedilla fue a traficar con libros al Centro Cultural Luis Rosales, de paso que asistían a alguna de las actividades organizadas por la FCC en estrecha colaboración con la Asociación de Artistas y Artesanos y el Ayuntamiento.

Aquí, una crónica a ocho manos acompañada de fotografías de Daniel G Pelillo


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De hecho, el acto que inauguró este año El Bosque de los Libros fue el fallo del Concurso de Microrrelatos que organiza el Ayuntamiento. En la mesa estaban los miembros del jurado (menos Paco, profesor de Literatura del instituto La Dehesilla, que no pudo asistir): Marta Pérez, concejala de Cultura; el escritor Rafael Reig, y Virginia Rodríguez en representación de la FCC.

En comparación con las dos convocatorias anteriores hubo pocos participantes, y la categoría de matriculados en el instituto del pueblo quedó desierta. Parece ser que la información no circuló como se hubiera deseado. Hay planes para evitar que esto pueda volver a pasar el año que viene.

En cualquier caso, los textos presentados y especialmente los dos ganadores dan muestra de que en este pueblo hay un buen puñado de gente que escribe y lo hace bien. La imagen que en esta ocasión debía dar pie al microrrelato era sugerente: las manos de una persona que está haciendo un solitario y se hace trampas a sí misma.

No se puede contar un microrrelato sin estar contando demasiado, así que os invitamos directamente a leer los textos de Silvia Alberdi, la ganadora en la categoría general con El azar favorece a una mente bien entrenada, y Jorge Jimeno, el ganador de la categoría de empadronados en Cercedilla con El espíritu del solitario.

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Uno de los platos fuertes del menú de este Bosque ha sido la presentación de la novela Para morir iguales, último libro del escritor Rafael Reig, nuestro amigo, vecino y librero de este pueblo.

Junto a Rafael, en la mesa, estábamos Virginia Rodríguez, su editora de cabecera, y el que suscribe, Paco Cifuentes, desocupado lector. Acompañándonos, un montón de amigos, varios intelectuales, las máximas autoridades municipales y algún que otro despistado que se coló en el evento pensando que al final se ofrecería un vino español.

Para los que aún no han leído la novela (que ya están tardando), aquí va una breve sinopsis. Estamos en noviembre de 1975 y el protagonista, Pedrito Ochoa, que ha tenido una infancia difícil en un hospicio gobernado por «monjas de la Edad Media», va a tener la oportunidad de labrarse un Gran Porvenir cuando es acogido por sus abuelos y empieza el bachillerato con los niños de la clase media del final del franquismo. Pedrito decide hacerse rico. Y puede que lo consiga pero qué vida esta…, el pasado sigue latiendo siempre con fuerza en el presente…

El autor nos aclaró que no es una novela autobiográfica («no me interesa la novela del yo»). Trata, como todas las novelas, de las transformaciones que sufren los personajes y las sociedades por las que transitan. «Pedrito se ha hecho un hombre distinto de lo que pensaba, pero ha comprendido que es solo en la infancia cuando la vida fue de verdad: la edad adulta no es más que una pantomima, una impostura, una simulación».

Virginia nos descubrió la ternura de Rafael (y resulta que es un tipo lleno de ternura) y reivindicó la lectura inteligente de las mujeres, que pueden disfrutar de toda la literatura que hay en esta novela «tan de chicos» sin identificarse con ninguno de los personajes.

Una parte de la novela transcurre en Cercedilla, y Reig se ha tomado la libertad de usar para muchos de sus personajes los nombres de vecinos y amigos. Así que todos estaban en la presentación, los personajes y las personas en alegre contuvernio.

Hubo varias preguntas sobre la Virgen / Pepito Grillo que se le aparece al protagonista, y Reig nos habló con admiración y reconocimiento de Marisol y aquella portada del Interviú de septiembre de 1976.

Cerramos el acto no con un vino español, como alguno de los presentes pretendía, sino con estos versos de Claudio Rodríguez que nos leyó Rafael:

Con media azumbre de vino
¡Nunca serenos! ¡Siempre
con vino encima! ¿Quién va a aguarlo ahora
que estamos en el pueblo y lo bebemos
en paz? Y, sin especies,
no en el sabor la fuerza, media azumbre
de vino peleón, doncel o albillo,
tinto de Toro. Cuánto necesita
mi juventud; mi corazón, qué poco.

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El sábado por la tarde El Bosque de los Libros acogió la sesión de Cinefórum que hacemos una vez al mes, pero esta vez por ser un día especial tuvimos la suerte de contar con Emilio Tomé, el director de la película, Sinfonía de verano: retrato de una ciudad. Esta sesión estaba a su vez enmarcada en el Ciclo Formas, dedicado al cine experimental, como explicaron Kike Castro y Rafael Sánchez, coordinadores del Cinefórum.

Encontrarnos con Emilio, que además de intérprete habitual en los mejores teatros de Madrid es guionista y autor (premiado con un Goya en 2013 al mejor cortometraje documental A story for the Modlins) y profesor en la ECAM, nos  permitió conocer de primera mano los entresijos de esta película singular. Se produjo para los Veranos de la Villa 2017 y al mismo tiempo que en nuestro Luis Rosales, por pura coincidencia, estaba proyectándose en el Matadero de Madrid. Nos sorprendió por su fuerte carga sensorial y su capacidad de interpelar a la experiencia colectiva que supone habitar la ciudad de Madrid en pleno agosto. La película está hecha a partir de vídeos enviados por mucha gente en respuesta a una convocatoria. Es sorprendente.

Desde la organización tuvimos que pedir sinceras disculpas porque los fallos técnicos en la proyección pusieron al director al borde del infarto. Reinteramos nuestras disculpas, con el director y con el público. Menos mal que cundieron la paciencia y el buen ánimo.

La película de Emilio dio pie a una rica conversación sobre el género de las sinfonías de ciudades, la representación de la sociedad mediante el cine y el libre disfrute estético de las imágenes. Todos nos pusimos además a invocar al verano, que aún queda lejos, afortunados como nos sabemos con nuestros veranos serranos.

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Para muchas personas de este pueblo ya es costumbre la cita anual de El Bosque de los Libros: conocen de otros años la dinámica de la feria y ya vienen con sus libros para intercambiar o simplemente rebuscan en las mesas para llevarse alguna joya, que las hay. Grandes clásicos y novelas contemporáneas de ultimísima edición; libros en distintos idiomas; ciencia y ensayo; arte y política, montañas de libros infantiles, manuales, libros antiguos y hasta nuestros Cuadernos de Cercedilla, de todo había en las mesas del Luis Rosales y casi todo a libre disposición de los vecinos.

Este año se ha seguido escribiendo El Gran Libro de Cercedilla, y algunas de sus páginas adornaban las paredes. Es un libro interminable que trata sobre nuestro pueblo y lo hacen los niños con sus dibujos y sus palabras manuscritas, desde aquel taller que inició Paloma Capuz hace años. La imagen del niño que se marcha a casa con una torre de libros que apenas puede desplazar nos llena de alegría.

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El Taller de Sombras de Juan Triguero surgió como un plan de última hora y es asombroso el finísimo trabajo que pudo hacer Juan en solo una semana para preparar una versión en sombras del libro de los libros, El Quijote.

Juan, vecino de Collado y artesano de la asociación de nuestro pueblo, nos embelesó con el viejo arte de los juegos de luz y sombras. Un pequeño teatrillo, un foco doméstico y algunas siluetas de cartón movidas con varillas de madera bastan para hacer una magia antigua, fascinante para pequeños y grandes. Y además de hacernos disfrutar con la fantasmagoría, Juan nos «contó el truco», nos enseñó el mecanismo que produce la ilusión y nos dejó pensando en lo fácil que es caer en la ilusión y tomarla por realidad, y también en lo útil que es la ilusión para conocer la realidad y quizá un poquito mejor a nosotros mismos.

Almudena Pascual, actriz y cómplice habitual de la FCC, colaboró en la dramatización de este Quijote para teatro de sombras. Gracias, amiga.

Y mil gracias a Juan. Su teatrillo es algo que cualquiera puede hacer si se pone a ello en casa, pero el cuidado y el cariño con los que él lo hace son de verdad únicos. Esperamos que vuelva pronto a Cercedilla con uno de sus talleres. A nosotros nos tiene conquistados.

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Y la guinda: el concierto de Germán Díaz, un suceso realmente único.

Germán se trajo un instrumento que de tan antiguo suena a nuevo. En los cuadros de El Bosco y de Latour que nos enseñó ya se veía el viejo organistrum, la zanfona. Al principio estaba diseñado para que lo tocaran dos personas pero después se adaptó a un solo intérprete. Y primero su repertorio era religioso, hasta que cayó en manos de juglares, trovadores y otra gente de mal vivir, y en España acabó asentándose como el instrumento que usaban los ciegos para su literatura de cordel, para acompañar el recitado de truculentos romances y llevar noticia de los sucesos de pueblo en pueblo, mucho antes de de que la gente de los pueblos pudiera aprender a leer.

Germán iba intercalando la interpretación de la parte didáctica con temas compuestos por él, además de otros de tradición popular. Un verdadero placer. Y se trajo también una caja de música con la que compone melodías y que, gracias a un pequeño motor incorporado, suena al tiempo que su zanfona. Lo mismo que las grabaciones en loop de su pedalera electrónica. Nos contó que casi era más difícil lo que hacía con los pies para manipular (¿pedipular?) los controles de la pedalera que con las manos para tocar la zanfona.

Después nos enseñó una rolmónica, un instrumento inventado en los años veinte para el que Germán también compone. Os aconsejamos de verdad que visitéis la página de este gran músico: os sorprenderá.

En los bises subió un niño al escenario para tocar otra caja de música, que había que hacer funcionar con una manivela. El éxito del joven intérprete fue clamoroso y él saludó como si fuera el mismísimo Mozart redivivo.

Y Germán Díaz se fue después de habernos dado una clase magistral y habernos mostrado un cachito de su mundo sonoro. Gracias, Germán, esperamos volver a oír de ti pronto por aquí.

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